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Entre la Colada y la Pared
(El Mundo, 8 Ab. 1999)
El año es 1.999. La ejecutiva y su pareja llegan a casa, más o menos a la misma hora, después de una larga jornada. Ella pone la lavadora, pasa la aspiradora, prepara la cena, y si tienen hijos, hace unas horas de papel de madre. ¿Y qué hace él? Lo que siempre ha hecho, años 40, 50, o 90, tomarse una cerveza mientras ve el partido. Pues, no hace falta ser historiador para saber que a lo largo de los años, ha cambiado muy poco... dentro de la casa. El cambio ha sido fuera; las mujeres, a la vez de ser amas de casa, también son médicas, abogadas y albañiles. Pisarán territorio "de hombres", pero los hombres no suelen pisar territorio "de mujeres." Los dos ganan el pan, pero sigue siendo ella quien limpia las migas.
Hoy día una familia tiene tres opciones realistas: #1- Uno trabaja mientras el otro cuida casa y niños, #2- los dos trabajan y comparten la faena doméstica, o #3- los dos trabajan y sus finanzas permiten pagar una persona que se encargue de la casa. Pues, hay pocas familias que pueden permitirse la tercera opción, pero tampoco adoptan las primeras dos. Claro, habrá hombres progresistas que respetan su 50% de tarea doméstica. Incluso habrá familias que cambian de "roles" por completo, adoptando lo tradicional, pero al revés: él friega y cocina mientras ella va al despacho. Pero el marketing de productos de limpieza se dirige a quien los compra, y no es ningún misterio que se concentra en el público femenino.
Sin faltarle el respeto al feminismo, hay que dar las gracias a nuestras abuelas y bisabuelas cuya lucha, digna de aplauso, logró sacar adelante a las mujeres. Hoy podemos competir igualmente en un mundo que antes era exclusivamente masculino, cerrado a nosotras. Pero ha quedado por arreglar un detalle- un hueco que el nuevo milenio tendrá obligación de llenar, una vez por todas: Al salir a la calle, ¿quién se preocupa por la casa? Por ahora, la respuesta es quién siempre lo ha hecho, la mujer. Se habla del llamado "techo de cristal", aquella barrera invisible, pero fuerte, que previene a las mujeres a subir alto en sus carreras. Desde abajo ves las nubes pero no consigues avanzar más allá del techo. El feminismo corriente explica que los jefazos- por prejuicios profundos y primordiales- no promocionan a mujeres, que avanzaríamos si no fuera por injusticia y sexismo. Pero creo que la explicación más sencilla no se encuentra en la oficina, sino en la casa. ¿Qué mujer podrá saltar hacia arriba, rompiendo el techo de cristal, mientras el peso de la colada la arrastra hacia abajo?
Porno, sí; toros, no
(El Mundo, 1 Ene. 1999)
La primera y última vez que vi una corrida de toros en directo también era mi primer viaje a España. A mis 18 años, me impactó el baile sensual del torero, la triunfante masa de sus pantalones apretados, los picadores con sus largas y fálicas garrochas, la penetración, la sangre, el terror.… Para todos nos llega el momento de saber que el sexo y la muerte son parientes, y de allí no es gran salto darse cuenta que el placer y el dolor son primos hermanos. Nos concebimos en semen y nacemos, y aveces morimos, en sangre.
En el fondo nos fascina el lado oscuro de la vida y la prueba está en que el arte del torero ha sobrevivido hasta hoy, que hay público que vuelve hambriente por más. En la plaza de toros se cuenta una y otra vez la brutal verdad; el ciclo creación-destrucción, sensualidad-agresión. Parece ser que nuestro destino es, no sólo conocer la ambigüedad de la naturaleza sino representarla en arte, librando nuestras fantasmas en pintura, música, baile y espectáculo. Pero donde fallamos es en la falta de respeto para seres vivos- humanos o animales -al simbolizar nuestros temores y deseos más cercanos. Debemos observar una noblesse oblige con las criaturas que comparten la tierra con nosotros.
La solución está en una sincera, pero benigna exhibición de erotismo y de agresión: el baile erótico, el strip-tease, los shows de sadomasoquismo y la pornografía son artes populares que no han recibido el aplauso que merecen. No son la causa de los males sino el remedio, la salida sana para aquel lado morboso, oculto y Dionisiano que no se podrá borrar por mucho que blanqueemos y perfumemos la realidad, y muchas instalaciones sanitarias que pongamos a nuestra existencia. Pero en vez de poner en la plaza un torero con sólo un margen más de inteligencia que el toro - demos paso a la pornografía que exhibe a adultos humanos que torean entre sí. Aunque se representen papeles tanto de agresor como de víctima, el caso es que, distinto al pobre toro, son actores actuando. Hay que fomentar la total libertad de representar pornografía y violencia en el arte. Si el público quiere ver a gente con algo metido por cada orificio hay que dárselo, si quiere sangre, también. Pero dejemos a los toros en paz, y busquemos la divina mezcla de sensualidad y brutalidad en representación, en vez de realización.
Elogio al Fumador
(El Mundo, 20 Mayo 1999)
Yo soy una no-fumadora-admiradora-de-fumadores. Me encanta el olor del tabaco. Siento cierta humildad ante la persona que sepa fumar con estilo: Aquellos chicos que impregnan el aire con sensualidad cada vez que ponen labios al largo y blanco cilindro; aquellas chicas que cogen el cigarro entre dedos con solemnidad y elegancia. El humo escapa lentamente de sus narices, formando espirales de blanco que desaparecen, poco a poco, en el espacio. La ceremonia del fumador es antigua y bella, como la de un indio que manda señales al aire. El brillante puntito de luz, visible en la mayor oscuridad de discoteca o calle, marca al fumador como miembro de un grupo de elite, un espíritu puro que lleva fuego en el bolsillo.
¡Cómo he querido formar parte de aquello que me inspira poesía- el acto de fumar- íntimo, sencillo y mágico! He intentado fumar.... La primera vez a los 14. Luego a los 18, pero nada. Siempre termino tosiendo con toda la finura de un pato resfriado. Estoy relegada al no-muy-distinguido puesto de observar como una niña ilusionada. Eso dicho, le ruego a todo fumador que se defienda contra la nueva hipocondría del "fumador pasivo" o "fumador de 2ª mano". Que se pueda desarrollar un cáncer de pulmón por respirar el tabaco fumado por otra persona, es la tontería más universalmente aceptada desde que se creía que la Tierra era plana. En los EEUU el estudio que se realizó en 1990 por el National Institutes of Health no logró encontrar ninguna evidencia estadística de que el humo de tabaco dañara la salud de personas en presencia de fumadores. Los sujetos incluyeron no-fumadores expuestos al humo de tabaco en el trabajo, no-fumadores con un conjugue fumador, e hijos de padres fumadores. Los resultados del estudio salieron en la revista científica más respetada del país (New England Journal of Medicine).
Pero no hace falta investigación científica para ver la ironía: Se respira cientos de veces más alquitrán delante de una calle nuevamente pavimentada que acercándose a un fumador. Aparte de los carcinógenos que se encuentran en el aire, no digo nada de los carcinógenos naturales que encontramos en la comida. Todo "causa" cáncer y todos estamos expuestos. El que pretende defenderse contra el cáncer debe rezar por un buen material genético, en vez de perder tiempo evitando el humo ambiental. Yo simplemente me conformo con ser una "fumadora pasiva," admirando la silenciosa y divina ritual de los fumadores. Pero lo que más admiro no es su exquisita coordinación entre manos y boca, sino su valor y coraje de seguir fumando cara a la opresión. |